¿Qué es el egoísmo ético? Argumentos a favor y en contra.

El egoísmo ético es la opinión de que cada uno de nosotros debería perseguir nuestros propios intereses, y nadie tiene la obligación de promover los intereses de los demás. 








El egoísmo ético es bastante diferente del egoísmo psicológico, la teoría de que todas nuestras acciones son en última instancia egoístas. El egoísmo psicológico es una teoría puramente descriptiva que pretende describir un hecho básico sobre la naturaleza humana.

¿Que argumentan aquellos que lo apoyan?


1. Todos los que persiguen sus propios intereses son la mejor manera de promover el bien general.

Este argumento se hizo famoso por Bernard Mandeville (1670-1733) en su poema La fábula de las abejas, y por Adam Smith (1723-1790) en su trabajo pionero en economía, La riqueza de las naciones. En un famoso pasaje, Smith escribe que cuando los individuos persiguen "la satisfacción de sus propios deseos vanos e insaciables", sin querer, como si "guiados por una mano invisible", benefician a la sociedad en su conjunto. Este resultado feliz se produce porque las personas generalmente son los mejores jueces de lo que les interesa y están mucho más motivados para trabajar duro para beneficiarse a sí mismos que para lograr cualquier otro objetivo.
Sin embargo, una objeción obvia a este argumento es que realmente no apoya el egoísmo ético. Se supone que lo que realmente importa es el bienestar de la sociedad en su conjunto, el bien general. Luego afirma que la mejor manera de lograr este fin es que todos se cuiden por sí mismos. Pero si se pudiera demostrar que esta actitud, de hecho, no promovió el bien general, entonces aquellos que promueven este argumento probablemente dejarían de abogar por el egoísmo.


Otra objeción es que lo que dice el argumento no siempre es cierto. Considere el dilema del prisionero, por ejemplo. Esta es una situación hipotética descrita en la teoría de juegos. Usted y un compañero, (llámelo X) están detenidos en prisión. A ambos se les pide que confiesen. Los términos del acuerdo que le ofrecen son los siguientes:

Si confiesas y X no, tienes 6 meses y él 10 años.
Si X confiesa y usted no, él tiene 6 meses y usted 10 años.
Si ambos confiesan, ambos obtienen 5 años.
 Si ninguno de ustedes confiesa, ambos tienen 2 años.

Ahora aquí está el problema. Independientemente de lo que haga X, lo mejor que puedes hacer es confesar. Porque si él no confiesa, obtendrás una oración leve; y si él confiesa,  Pero el mismo razonamiento es válido para X también. Ahora, según el egoísmo ético, ambos deben perseguir su propio interés racional. Pero entonces el resultado no es el mejor posible. Ambos tienen cinco años, mientras que si ambos hubieran puesto su interés propio en espera, solo tendrían dos años.


 La Alegoría de la Caverna

El punto de esto es simple. No siempre le conviene perseguir su propio interés sin preocuparse por los demás.

2. Sacrificar los propios intereses por el bien de los demás niega el valor fundamental de la propia vida para uno mismo.

Este parece ser el tipo de argumento presentado por Ayn Rand, el principal exponente del "objetivismo" y el autor de The Fountainhead y Atlas Shrugged. Su queja es que la tradición moral judeocristiana, que incluye, o ha alimentado, el liberalismo moderno y el socialismo, impulsa una ética del altruismo. Altruismo significa poner los intereses de los demás antes que los tuyos. Esto es algo que habitualmente se nos elogia por hacer, se nos anima a hacer y, en algunas circunstancias, incluso se nos exige que hagamos (por ejemplo, cuando pagamos impuestos para ayudar a los necesitados). Según Rand, nadie tiene derecho a esperar o exigir que haga ningún sacrificio por el bien de nadie más que yo.


Un problema con este argumento es que parece suponer que generalmente hay un conflicto entre perseguir los propios intereses y ayudar a los demás. De hecho, sin embargo, la mayoría de la gente diría que estos dos objetivos no son necesariamente opuestos. Gran parte del tiempo se complementan entre sí. Por ejemplo, un estudiante puede ayudar a un compañero de casa con su tarea, que es altruista. Pero esa estudiante también tiene interés en disfrutar de buenas relaciones con sus compañeros de casa. Puede que no ayude a nadie en ninguna circunstancia, pero ayudará si el sacrificio involucrado no es demasiado grande. La mayoría de nosotros nos comportamos así, buscando un equilibrio entre el egoísmo y el altruismo.

Objeciones al egoísmo ético.

El egoísmo ético, es justo decir, no es una filosofía moral muy popular. Esto se debe a que va en contra de ciertos supuestos básicos que la mayoría de las personas tienen con respecto a lo que implica la ética. Dos objeciones parecen especialmente poderosas.


 Albert Camus : Manifiesto Censurado en 1939

1. El egoísmo ético no tiene soluciones que ofrecer cuando surge un problema que involucra conflictos de intereses.

Muchas cuestiones éticas son de este tipo. Por ejemplo, una empresa quiere vaciar los desechos en un río; Las personas que viven río abajo objeto. El egoísmo ético solo aconseja a ambas partes que busquen activamente lo que quieren. No sugiere ningún tipo de resolución o compromiso de sentido común.

2. El egoísmo ético va en contra del principio de imparcialidad.
Una suposición básica hecha por muchos filósofos morales, y muchas otras personas, para el caso, es que no debemos discriminar a las personas por motivos arbitrarios como la raza, la religión, el sexo, la orientación sexual o el origen étnico. Pero el egoísmo ético sostiene que ni siquiera deberíamos tratar de ser imparciales. Más bien, debemos distinguir entre nosotros y todos los demás, y darnos un trato preferencial.


Para muchos, esto parece contradecir la esencia misma de la moralidad. La "regla de oro", cuyas versiones aparecen en el confucianismo, el budismo, el judaísmo, el cristianismo y el islam, dice que debemos tratar a los demás como nos gustaría ser tratados. Uno de los más grandes filósofos morales de los tiempos modernos, Immanuel Kant (1724-1804), argumenta que el principio fundamental de la moralidad (el "imperativo categórico", en su jerga) es que no debemos hacer excepciones de nosotros mismos. Según Kant, no deberíamos realizar una acción si no pudiéramos sinceramente desear que todos se comportaran de manera similar en las mismas circunstancias.

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