El pensamiento de Baruch Spinoza en 100 Frases



Baruch Spinoza, fue un renombrado filósofo holandés, cuyas ideologías radicales sentaron las bases de la escuela del espinozismo. Spinoza fue clasificado entre los filósofos más influyentes y los racionalistas notables del siglo XVII, su obra maestra, "La ética", que cuestionó las creencias y concepciones tradicionales de Dios, los seres humanos, la naturaleza y el universo entero en su conjunto, estableció firmemente sus posiciones. 




Aquí les dejamos 100 frases de este gran Filósofo:



1. Sí no queremos confundir las enseñanzas eternas con aquellas que sólo pueden ser útiles por algún tiempo o para unos pocos, conviene saber también en que ocasión, en qué época y para qué nación o qué siglo fueron escritos todos esos documentos.

2. Los adivinos sólo infunden el máximo respeto a la plebe y el máximo temor a los reyes en los momentos más críticos para un Estado.

3. La providencia para nosotros no es otra cosa que el conato, que encontramos en la naturaleza total y en las cosas particulares, y que tiende a mantener y conservar su propio ser.

4. Ni hay nadie tampoco que no desee vivir, en cuanto pueda, con seguridad y sin miedo.

5. Es un hecho comprobado que el pueblo ha logrado cambiar muchas veces de tirano, más nunca suprimirlo.

6. No se puede afirmar con derecho que existe desorden en la naturaleza, porque no hay nadie que conozca todas las causas de la naturaleza para poder juzgar de ello.

7. Nadie está obligado a vivir según el criterio de otros, sino que cada cual es el garante de su propia libertad.

8. Además, cuando nosotros concluimos que Dios no ha podido dejar de hacer aquello que ha hecho, lo deducimos de su perfección, porque en Dios sería una imperfección el poder omitir lo que hace.

9. No se puede concebir que Dios dicte leyes a los hombres como un príncipe o un legislador.

10. Quienes se empeñan en descubrir en los libros proféticos la sabiduría y el conocimiento de las cosas naturales y espirituales se equivocan totalmente de camino.

11. Cuando este afán se refiere a la mente, lo denominamos voluntad, pero cuando se refiere no sólo a la mente, sino también al cuerpo, lo denominamos apetito. 

12. Puesto que querer es desear, el deseo ha de ser la esencia del hombre. Querer ser para siempre. 

13. No podemos conocer a nadie más que por sus obras.

14. Los Hombres se creen libres porque ellos son conscientes de sus voluntades y deseos, pero son ignorantes de las causas por las cuales ellos son llevados al deseo y a la esperanza.

15. Esclavo es quien está obligado a obedecer las órdenes del señor, que sólo buscan la utilidad del que manda.

16. No es posible que una sustancia hubiera querido limitarse a si misma, y menos una sustancia que ha existido por sí misma. Por tanto, digo yo, será limitada por su causa, la cual necesariamente es Dios.

17. Muchos filósofos se han creído que fuera del pequeño campo del globito terráqueo, donde ellos están, no existe ningún otro, puesto que ellos no lo observan.

18. El universo, la naturaleza y la deidad (Dios) son la misma cosa.

19. Ser es, por tanto, tener apetito de eternidad. 


20. Existen, además, otros dos afectos: la alegría y la tristeza, ambas relacionadas con el Ser. La alegría sería el aumento de la perfección del Ser, mientras que la tristeza sería su disminución.




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21. El apetito no es otra cosa que la esencia misma del Ser humano: el deseo. 

22. No hay que confundir el estado natural con él estado de religión, sino que hay que concebirlo sin religión ni ley, y por lo mismo sin pecado ni injuria.

23. Espíritu Santo; y, en realidad, éste no es otra cosa que la tranquilidad de ánimo que surge en la mente por las buenas acciones.

24. Nadie, en efecto, podrá jamás transferir a otro su poder ni, por tanto, su derecho, hasta el punto de dejar de ser hombre.

25. El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad.


26. Nosotros no podemos demostrar por la razón si es verdadero o falso el fundamento de la teología.

27. Peca un pueblo cuando hace o permite que se hagan cosas que pueden redundar en su ruina.

28. Lo que ningún monarca ha podido conseguir ni por la espada ni por el fuego, lo han logrado hacer los eclesiásticos con sólo la pluma.

29. No podemos estar ciertos de esa tradición ni de la autoridad del pontífice, tampoco podemos fundar nada seguro sobre ellas.

30. La naturaleza humana está hecha de tal suerte que cualquiera (sea rey o súbdito) que haya obrado mal procura rodear su acción de tales circunstancias que parezca que no ha cometido nada injusto ni indecoroso.

31.  Sólo la obediencia a Dios nos hace libres (Dogma).

32. Por naturaleza naturante entendemos un ser que captamos clara y distintamente por sí mismo y sin tener que acudir a algo distinto de él, como todos los atributos que hemos descrito hasta aquí, y ese ser es Dios.

33. Porque yo veo claramente que sólo hay un Uno, el cual existe por sí mismo y es el sujeto de todos los demás atributos.

34. Para interpretar, pues, los milagros de la Escritura y entender por sus relatos cómo se produjeron realmente, es necesario conocer las opiniones de los primeros que los contaron y de los que nos los trasmitieron por escrito.

35. Todos los filósofos dicen al unísono que el todo es una noción segunda y que no es una cosa en la naturaleza, fuera del entendimiento.

36. Por naturaleza, en efecto, nadie sabe que está obligado de algún modo a obedecer a Dios.

37. Pero, amigo mío, ¿podría la justicia dejar de ser justa? En absoluto, ya que entonces no podría haber justicia alguna.

38. Fuera de Dios no existe absolutamente nada y que él es una causa inmanente.

39. Nosotros hemos dicho que el alma es una idea, que existe en la cosa pensante y que procede de la existencia de una cosa que existe en la naturaleza.

40. Por los milagros no podemos conocer a Dios.



51. La religión no se reduce a la caridad, sino a difundir discordias entre los hombres y a propagar el odio más funesto, que disimulan con el falso nombre de celo divino y de fervor ardiente.

52. Que sólo Dios es la única causa libre resulta claro, no sólo por lo que ahora se ha dicho, sino también porque fuera de él no existe ninguna causa externa, que lo coaccione o fuerce. Todo esto no tiene lugar en las cosas creadas.

53. Nada extraño, pues, que, bajo pretexto de la religión, la masa sea fácilmente inducida, ora a adorar a sus reyes como dioses, ora a execrarlos y a detestarlos como peste universal del género humano.

54. El Ser del hombre es saber que no es libre y que tiene que vivir de acuerdo con su naturaleza (Dios).

55. Los hebreos creían que el corazón era la sede del alma y del entendimiento.

56. Consideramos imposible que Dios haya podido darse a conocer a los hombres por medio de algún signo externo.

57. De estos afectos (alegría y tristeza) derivan todos los demás: el odio, la envidia, el enamoramiento, la frustración, la euforia, etc.

58. Quinto Curcio ha señalado con acierto, no hay medio más eficaz para gobernar a la masa que la superstición.

59. En la filosofía, residen tanto la libertad como la felicidad que tanto perseguimos en la vida. 

60. Lo único por lo que se distinguen las naciones entre sí es por la forma de su sociedad y de las leyes bajo las cuales viven y son gobernadas.

61. Fuera de la mente, no existe nada que sea sagrado o profano o impuro en sentido absoluto, sino sólo en relación a ella.

62. El segundo atributo, que nosotros llamamos propio, es la providencia.


63. Los decretos o mandatos de Dios y, por tanto, su providencia no son, en realidad, más que el orden de la naturaleza.

64. Es sumamente raro que los hombres cuenten una cosa simplemente como ha sucedido, sin mezclar al relato nada de su propio juicio.

65. Es necesario conceder a los hombres la libertad de juicio y gobernarlos de tal suerte que, aunque piensen abiertamente cosas distintintas y opuestas, vivan en paz.

66. Estado democrático. He tratado de él, con preferencia a todos los demás, porque me parecía el más natural y el que más se aproxima a la libertad que la naturaleza concede a cada individuo.

67. La religión siempre se adaptó a la utilidad del Estado.

68. La filosofía no es otra cosa que un saber divino. Es el modo supremo del conocimiento.


69. Hay que dejar a todo el mundo la libertad de opinión y la potestad de interpretar los fundamentos de la fe según su juicio, y que sólo por las obras se debe juzgar si la fe de cada uno es sincera o impía.

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70. Que el hombre tenga la idea de Dios está claro, puerto que él entiende sus atributos y estos atributos, no pueden ser producidos por él, ya que es imperfecto.

71. Comprender es el principio de aprobar.


72. La experiencia nos ha demostrado que a la persona no le resulta nada más difícil de dominar que su lengua.

73. Comprendí que las leyes reveladas por Dios a Moisés no fueron otra cosa que el derecho particular del Estado hebreo y que, por tanto, ningún otro tenía obligación de aceptarlas, y que incluso ellos mismos sólo estaban sujetos a ellas, mientras durara su Estado.

74. Los hebreos creyeron que su reinado era el reino de Dios y que sólo ellos eran hijos de Dios, mientras que las otras naciones eran enemigos de Dios, hacia las que sentían el odio más violento.

75. La Escritura suele pintar a Dios a imagen del hombre y atribuirle alma, ánimo, afectos e incluso cuerpo y aliento a causa de la débil inteligencia del vulgo.

76. Dado, pues, que la ley no es nada más que la forma de vida que los hombres se imponen a sí mismos o a otros por algún fin, parece que hay que distinguir ley humana y ley divina.

77. La suprema ley es la salvación del estado, a la que deben responder todas las demás, tanto humanas como divinas.

78. Ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad, sin fuerza y, por tanto, sin leyes que moderen y controlen el ansia de placer y los impulsos desenfrenados.

79. Dios no tiene derecha ni izquierda, ni se mueve ni está parado, ni se halla en un lugar, sino que es absolutamente infinito y contiene en sí todas las perfecciones.

80. El derecho natural de cada hombre no se determina, pues, por la sana razón, sino por el deseo y el poder.

81. La alegría es el paso del hombre de una menor perfección a una mayor.

82. La causa que hace surgir, que conserva y que fomenta la superstición es, pues, el miedo.

83. El deseo es la esencia misma del hombre, en cuanto se concibe, determina a actuar sobre algo, merced a cualquier afección dada a la propia esencia.

84. Las ideas no son unas pinturas mudas sobre una pizarra; una idea, en tanto que es idea, incluye una afirmación o una negación.

85. El Estado más violento será, pues, aquel en que se niega a cada uno la libertad de decir y enseñar lo que piensa, y será, en cambio, moderado aquel en que se concede a todos esa misma libertad.

86. Nadie que haya leído el Nuevo Testamento puede dudar que los apóstoles fueron profetas.

87. La devoción es el amor hacia aquel que admiramos.

88. La esperanza es una alegría insegura surgida de la idea de una cosa futura o pretérita de cuya realización dudamos en alguna medida.

89. El hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría consiste en una meditación no sobre la muerte, sino a propósito de la vida.

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90. Las cosas cognoscibles son infinitas.

91. El odio a las otras naciones era fomentada y alimentada mediante el culto diario.

92. El que se arrepiente de una acción es doblemente miserable e impotente.

93. El objetivo de la Escritura no consiste en enseñar las ciencias, sino en inculcar la obediencia.

94. Entre la fe o teología y la filosofía no existe comunicación ni afinidad alguna.

95. Existe tanta diferencia entre las cabezas como entre los paladares.

96. Ningún milagro nos permite entender ni la esencia, ni la existencia, ni la providencia de Dios, sino que, por el contrario, estas cosas se perciben mucho mejor por el orden fijo e inmutable de la Naturaleza.

97. La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre.

98. Como Dios es causa de sí mismo, basta que lo demostremos por sí mismo.

99. Si los hombres pudieran conducir todos sus asuntos según un criterio firme, o si la fortuna les fuera siempre favorable, nunca serían víctimas de la superstición.

100. Cuando el hombre comprende que no es libre y acepta su esencia, es cuando puede realmente acercarse a la libertad. 

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