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Edgar Morin: 'Sin igualdad no hay diálogo'

Edgar Morin: 'Sin igualdad no hay diálogo'

Edgar Morin: 'Sin igualdad no hay diálogo'

"La negociación es un regateo de intereses con vistas a un compromiso, mientras que el diálogo auténtico consiste en comprender al Otro...
julio 17, 2021
Edgar Morin: 'Sin igualdad no hay diálogo'




"La negociación es un regateo de intereses con vistas a un compromiso, mientras que el diálogo auténtico consiste en comprender al Otro." - Edgar Morin
                                 




 Entrevista al filósofo y sociólogo francés Edgar Morin,  realizada por Sophie Boukhari para la UNESCO. 





¿Puede ayudarnos a diferenciar la “cultura” de la noción de “diálogo entre las civilizaciones”, e incluso del propio concepto de “civilización”?

Según una distinción clásica que hizo la sociología alemana del siglo XIX, se denomina cultura a todo lo que es propio de una etnia, nación o comunidad, es decir sus creencias, usos y costumbres, ritos y fiestas, dioses y mitos, etc., mientras que civilización es lo que se puede transferir de una cultura a otra. Por ejemplo, es un hecho de civilización la propagación universal del arado a partir de un punto geográfico preciso del planeta, o la extensión del cultivo de la papa desde la América andina a Europa, primero, y al resto del mundo, después. En otras palabras, civilización es lo material y técnico, y por lo tanto, transmisible.

Sin embargo, el concepto de “diálogo entre las civilizaciones” toma más bien la civilización en su acepción cultural, ya que se refiere a conjuntos caracterizados por rasgos singulares cuya mezcla se supone imposible. Cuando se habla de diálogo entre civilizaciones en sentido banal, se piensa esquemáticamente en las civilizaciones occidental, china, islámica, cristiana, iraní, africana, etc. No obstante, si nos referimos a la civilización china, por ejemplo, debemos tener presente que algunos de sus elementos, como el taoísmo o el confucianismo, son susceptibles de propagarse. También la civilización islámica engloba países y poblaciones con culturas diferentes y pese a ello puede extenderse evidentemente a otras partes del mundo. En resumidas cuentas, las fronteras entre civilización y cultura son imprecisas.

Sin embargo, creo que para la UNESCO el “diálogo entre las civilizaciones” significa que los humanos somos diferentes y tenemos creencias y religiones distintas, aunque esas especificidades no deben impedirnos dialogar.

¿Qué significa “dialogar” para una civilización?

A mi parecer, las civilizaciones y las culturas no dialogan. Sólo los individuos pueden hacerlo, y en concreto los que, dentro de cada cultura, por poseer un espíritu de apertura y reconocer la existencia del Otro, estiman posible encontrar una base y un lenguaje comunes. En el mundo cristiano medieval, en la época de las Cruzadas, era imposible el diálogo con musulmanes y judíos, al igual que hoy resulta imposible con los integristas islámicos fanáticos, porque consideran a los demás como “perros infieles”. Desde el momento en que se convierte al Otro en un descreído o infiel, no hay diálogo posible.

¿Cree que entre los occidentales hay una apertura hacia el diálogo?

En nuestros días, tanto el actual poder de los Estados Unidos como Al Qaida han determinado la existencia de un “Imperio del Bien” y un “Imperio del Mal”. Ambos dicen que representan al Bien y que el otro representa al Mal. En una situación tan maniquea como ésta, el diálogo es imposible.

No obstante, algunos occidentales que han estudiado otras civilizaciones creen que no se puede reducir el Islam al fundamentalismo, porque es una de las grandes religiones que desempeñó un papel civilizador eminente en la época de los califatos de Bagdad y Al Andalus. Esos estudiosos nos recuerdan que el Islam ha sido la única gran civilización de la Alta Edad Media, que existen diversas interpretaciones del mismo y que en el mundo islámico hay también partidarios del laicismo. Cuando en una cultura o civilización hay diversidad, hay también personas dispuestas al diálogo, por regla general individuos de ideas poco conformistas, “desviantes”, e incluso “mestizas”, o sea nacidas del cruce entre varias civilizaciones.

¿Qué es un “diálogo”?

Es una situación en la que todos pueden exponer sus tesis y argumentos, sin impedir al Otro que haga lo mismo.

¿Qué condiciones debe reunir?

En primer lugar, el reconocimiento del Otro en calidad de interlocutor con idénticos derechos a los de uno mismo, porque no hay diálogo posible entre el amo y el esclavo. La base del diálogo es la igualdad, un concepto relativamente reciente en la cultura europea. En efecto, Europa occidental dominó y explotó el mundo desde el descubrimiento de América, practicó la trata de esclavos y ejerció algunas de las dominaciones más largas y crueles de la Historia. Sin embargo, desde el momento mismo de la conquista de América, en algunas mentes “desviantes” europeas se forjaron algunas de las ideas clave que iban a permitir el diálogo. Fue un europeo, el religioso español Bartolomé de Las Casas, el primero en sostener que los indígenas eran seres humanos como los demás, y otro europeo, Montaigne, señaló que en Europa se tildaba de “bárbaras” a las demás civilizaciones. Más tarde, el francés Montesquieu crearía un personaje imaginario, encarnado en un persa imbuido de la filosofía de los derechos humanos que viene a observar una porción del continente europeo, Francia, con la visión del antropólogo. En otras palabras, Europa Occidental ha sido a la vez el núcleo de la dominación y el crisol de las ideas de libertad, cuya apropiación por parte de los pueblos colonizados ha permitido su emancipación relativa.

¿Cuáles son los obstáculos para el diálogo en el mundo actual?

Los obstáculos surgen cuando uno no considera sagrado lo que para el Otro sí lo es. Por ejemplo, un musulmán, un cristiano y un judío no pueden entablar un diálogo para averiguar si Jesús resucitó al tercer día, si Dios entregó a Moisés las Tablas de la Ley o si Mahoma recibió la revelación del ángel Gabriel. Sin embargo, pueden reconocer qué es sagrado para los demás y, a partir de ahí, ponerse a dialogar. Las personas que dialogan son pocas, pero existen. Claro que si su número es muy escaso, sus conclusiones no pueden ir muy lejos.

¿Qué diferencia hay entre dialogar y negociar?

La negociación es un regateo de intereses con vistas a un compromiso, mientras que el diálogo auténtico consiste en comprender al Otro. Para ello, primero debemos tratar de conocerlo en su totalidad, sus creencias, costumbres, ritos y civilización. Ello supone poseer cierta cultura, aunque no es necesario ser un erudito. Comprender que el Otro es un ser como uno mismo es el primer paso. Luego, ha de existir un impulso subjetivo dictado por la curiosidad y la simpatía, ya que sin ellas no puede haber comprensión. Hoy en día, la histeria colectiva y el maniqueísmo reinantes impiden la simpatía y, por consiguiente, la mutua comprensión, que se halla en un periodo de regresión debido a la “guerra entre el Bien y el Mal” y sus secuelas.

¿Cómo fomentar el impulso de simpatía al que usted se refiere?

Tomemos el ejemplo de Francia y Alemania, que guerrearon entre sí durante siglo y medio. En la escuela, a los franceses se les enseñaba que los alemanes eran unos bárbaros, y a los alemanes que los franceses no valían nada. Después de la Segunda Guerra Mundial se decidió revisar los manuales de historia y adoptar una visión más amplia. Con todo, en Europa Occidental se siguen ocultando todavía periodos enteros del pasado. Por ejemplo, se olvida que el Imperio Otomano se extendió hasta Hungría y la ex Yugoslavia, desempeñando un papel civilizador durante varios siglos. Para poder simpatizar con el Otro es necesario poseer una cultura histórica. Dicho de otro modo: para que surja el diálogo se tienen que dar ciertas condiciones. También algunos individuos que desempeñan cargos eminentes en el Estado y la sociedad pueden favorecer la capacidad de diálogo haciendo manuales o libros que permitan comprender a los demás. Porque la comprensión es una condición para el diálogo.

¿Cree usted como Huntington que el choque entre la civilización occidental y la islámica era inevitable después del fin de la Guerra Fría?

No, era evitable. Sin embargo, hoy en día, ese choque va camino de realizarse, aunque no se haya producido todavía de verdad. Varios indicios lo señalan. Por ejemplo, hasta la guerra de Iraq, el fenómeno de los “kamikazes” no sobrepasaba el estrecho límite de un grupo reducido de militantes palestinos de la Yihad Islámica. Ahora, el fenómeno se ha extendido a Iraq, donde encontramos también un tipo de kamikazes parecidos a los que hubo en Japón durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, personas que llegan al extremo de sacrificar su vida para defender a su nación, aunque no sean creyentes. Cuando se agravan la guerra, la represión del terrorismo y el terror militar, surge un círculo vicioso de odio, desprecio, rechazo y asco del Otro, que puede generar una guerra de civilizaciones a la que debemos oponernos.

¿Cómo?

Con la palabra, la inteligencia y la conciencia. Sabemos cuáles son los principios que se deben respetar: comprender al Otro y reconocer sus derechos. En épocas como la nuestra hay muy poco margen para dialogar. Creo que nos adentramos en un periodo aciago para el diálogo.

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