Decálogo del Pensamiento Crítico

lunes, enero 06, 2020

10 Premisas esenciales para el desarrollo del pensamiento Crítico. 



1. Sorpréndete de todo, también de lo que te parece normal.

Encuentra un nuevo sabor en las cosas conocidas, paladea aquello con lo que te encuentras en lugar de apartarlo. Sorpréndete con la elección de tus palabras, con el modo en que los otros actúan, con los argumentos que se dan. La normalidad es una manera de matar el pensamiento.


2. No pienses que todo es posible.

El “todo es posible” hace peligrar seriamente el pensamiento crítico llevándolo por el camino de la indeterminación. Separa el trigo de la paja usando el sentido común y el principio de realidad. Eso te ayudará a ver si algo es necesario, probable o posible.


3. Reconoce tus propios límites.

Un ser humano no puede ser perfecto. La autoconciencia empieza por el reconocimiento de los propios límites, los de tu mente y los de tu cuerpo. La capacidad de examinar críticamente a los otros viene de la habilidad para examinarte críticamente a tí mismo. Aprende a identificar y a nombrar tus problemas y debilidades.


4. No temas la reacción de los otros.

Si quieres examinar y criticar las palabras y los argumentos de los otros, debes estar preparado para encontrarte con su irritación y su resistencia. Al ser humano no le gusta enfrentarse a la realidad ni a la verdad sobre sí mismo. No prestes demasiada atención a sus miedos y no temas molestar a tu interlocutor. El arte de pensar y cuestionar significa preferir la verdad por encima de la seguridad, la compasión o la complacencia.


5. Sé paciente y aprende a escuchar.

Tener paciencia significa suspender los propios juicios y reacciones y concentrarte en lo que se da afuera. Aprende a ser un guerrero sabio: acomete un gesto sólo cuando sea necesario, solo cuando hayas observado el tiempo suficiente. Si te tomas el tiempo de escuchar y contemplar, muchos actos se harán innecesarios. La habilidad de responder de forma adecuada es tan importante como actuar de manera apropiada.


6. No permanezcas en la confusión.

Clarifica las palabras y los actos, los tuyos y los de tu interlocutor. Reduce al mínimo la cantidad de tus palabras y pide a los otros que también lo hagan. Esto permitirá distinguir entre lo esencial y lo accidental. Nombra las cosas en lugar de explicarlas, incluso cuando te mueva un deseo intenso de hablar. Usa la idea de Spinoza: la claridad es la verdad; la verdad es la claridad.


7. Evita las trampas de la paranoia y de la ingenuidad.

Es importante sopesar las propias ideas y no caer en los extremos: ver problemas por todas partes nos lleva a sospechar de modo compulsivo, mientras que aceptarlo todo nos hace ser complacientes. Comprueba la pertinencia de tu juicio a través del descubrimiento y examen crítico de los supuestos y evidencias que le subyacen.


8. Distingue lo subjetivo de lo objetivo.

Comprueba si tus ideas y acciones se apoyan en tus sentimientos y percepciones o si tienen algún fundamento objetivo. Para ello usa la razón y el sentido común y ten en cuenta el punto de vista de los otros. Esto te ayudará a distinguir si hay discrepancia entre tu opinión y lo que la realidad te dice.


9. Examina lo que se dice con criterios lógicos, de pertinencia y de coherencia.

Distingue el “no lo entiendo” del “no estoy de acuerdo” o incluso del “no me gusta”. Aprende a crear distancia entre tú y lo que estás examinando.


10. Cuestiónate a ti mismo y a los otros.

Sustituye afirmaciones por preguntas para descubrir lo que las personas piensan. Cambia tu percepción de lo que significa preguntar: no es solo un medio de obtener información, es también una herramienta para hacer pensar.

*Texto de Oscar Brenifier y Viktoria Chernenko. 

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